Las Actitudes se Forjan desde la Infancia

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Las Actitudes se Forjan desde la Infancia

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El ser humano se muestra de una manera determinada en cada situación, y esto, es lo que se denomina actitud. Es algo que se encuentra en la propia persona, se va desarrollando y manifestando especialmente durante los primeros años. Pero, claro, para conocer las actitudes, es necesario que se produzca una reacción que haga que se exterioricen.

 

¿Y qué hace que se convierta la actitud en respuesta observable? En primer lugar, el niño tiene que recibir estímulos que indiquen el objeto de esa actitud, es decir, hacia qué va dirigido. Claro que, la actitud, al recibir los estímulos, los evalúa, dando respuestas de carácter positivo o negativo.

 

Para que se produzcan las respuestas, según diferentes autores, entran a formar parte, fundamentalmente, tres categorías: cognitiva, afectiva y conductual. Veamos la importancia de cada una de ellas. La cognitiva, abarca los pensamientos y las ideas que el sujeto tiene aportándole la información necesaria para responder. La categoría afectiva, cuenta con los sentimientos, las emociones y los estados de ánimo que la persona exterioriza. Finalmente, la conductual, es la expresión mediante conductas desde la actitud. Estas tres categorías no actúan equitativamente, sino que dependiendo de los factores personales y de los estímulos, la implicación de ellas en las respuestas será diferente.

 

Una vez analizada la formación de las actitudes, comprendemos cómo los niños y los jóvenes forman sus actitudes positivas o negativas sobre un objeto. Pero lo que yo persigo con este planteamiento, más que saber cómo se forman las actitudes en sí mismas, es, partiendo de ese conocimiento, ser conscientes de la importancia que tienen en la convivencia, y por tanto, en las relaciones sociales.

 

Si los pensamientos y las ideas de los padres, no están en consonancia con la convivencia y el respeto; si el control de las emociones no es adecuado o los estados de ánimos ofrecen altibajos sin razones suficientes; si las respuestas conductuales son extremas, es decir, muy negativas o muy positivas; entonces, llegado el momento del estímulo, las respuestas serán poco adecuadas. Ello demuestra la importancia que tiene en el ser humano, ya desde su infancia, la sensibilidad hacia las situaciones, que el niño aprenda a controlar las emociones y la expresión conductual adecuada al estímulo de la actitud.

 

Y puesto que las actitudes no son innatas, sino que se van formando a lo largo de la vida, los adultos tenemos que ser conscientes de la repercusión que tienen en los niños nuestras actitudes, puesto que son de vital importancia en aquellas edades en las que aún no tienen desarrollada la capacidad de discriminar, ante un estímulo, cuál sería la actitud adecuada a formar. No es que la actitud sea observable por los demás, sino que las reacciones visibles al estímulo de la actitud, son las que ayudarán en la formación de las actitudes del niño y el joven en desarrollo.

Manuela Alonso Fernández. Dra. Psicología Clínica y Logopeda.

 

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