La Importancia de la Etapa Infantil

Psicóloga Clínica y Logopeda

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La Importancia de la Etapa Infantil

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La semana pasada hablé de los recursos personales deteniéndome fundamentalmente en los económicos y sus consecuencias en el ámbito familiar. Hoy, si los lectores me lo permiten, quiero hablar del recurso personal educativo. Al hablar de educación, no me quiero referir a la cultural, a la que nos permite acumular datos sobre la ciencia y que nos transmiten en los centros escolares, sino, a la educación más básica, esa que se transmite de generación en generación, de padres a hijos y que es el motor de las relaciones personales, ya sea en el ámbito familiar o fuera de él.

 

La pareja, con frecuencia, se plantea unos objetivos y entre ellos tener hijos. Toda la vida ha sido así, y, aunque los tiempos han cambiado, el hecho de la procreación permanece para la perpetuidad del ser humano. Éste es el primer paso, pero no el último, por supuesto. Sabemos que el niño desde que nace, tiene necesidad de atención fisiológica y psicológica. La fisiológica, con mayor o menor conocimiento, se va cubriendo en los países desarrollados. Pero, ¿qué ocurre con la psicológica? Me estoy refiriendo, a esa formación general del individuo, que no requiere de un profesional para llevarla a cabo. ¿Se preguntan los padres de niños en etapa infantil, la influencia y repercusión que sus conductas pueden tener en los sus hijos? Es aquí donde quiero hacer hincapié en este momento.

 

A veces, los progenitores actúan sin tener en cuenta, o sin ser conscientes que cada actuación irá marcando el camino a seguir de aquel o aquellos menores que tienen a su cargo. Y, ¿cómo puede repercutir? Pongamos el ejemplo de una pareja que en su relación, ante un asunto a tratar, con frecuencia, un miembro de la pareja habla en tono despectivo al otro, le dice frases vejatorias, le insulta y en último extremo puede surgir la violencia física. El menor parece que no se entera pero, sí se entera, claro está, en el grado que su desarrollo mental se lo permite. Desde este momento, el menor comienza a acumular información de reacciones y modelos de actuación, que paulatinamente va a ir poniendo en práctica llegada la situación adecuada. Es muy posible, que si supiésemos la repercusión que estas conductas tienen, cuidaríamos mucho de llevarlas a cabo. Si a esto añadimos que, a las conductas del niño o niña inadecuadas, el adulto se muestra excesivamente intransigente o por el contrario, no presta atención a los sentimientos ni reacciones y por lo tanto no reacciona, estamos contribuyendo al desarrollo de una persona que en el futuro puede presentar esas conductas que reprobamos en otros y que no aceptamos.

 

Si queremos una sociedad más humana, más sensible, más comprensiva, más solidaria, en definitiva, una sociedad mejor, no podemos dejar pasar sin dar la importancia necesaria a la educación de la etapa infantil. Necesitamos formar niños no egoístas, solidarios, que comiencen a tener en cuenta el punto de vista de los demás (solidarios), en definitiva, una infancia que sea la base de una adolescencia equilibrada para poder afrontar con seguridad los problemas que puedan surgir cuando al hijo o la hija le llegue el momento de salir del entorno familiar para explorar por sí solos el mundo exterior al conocido.

 

Manuela Alonso Fernández. Dra. Psicología Clínica y Logopeda.

 

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